jueves, 22 de septiembre de 2016

Un 22 de septiembre...

se conmemora el Día Mundial SIN AUTOMÓVIL.
En esta jornada se hace un llamamiento a los ciudadanos a dejar este medio de transporte por un día y probar nuevos medios de desplazamiento. Aunque la idea ya venía de años antes, es en la década de 1990 cuando comienza a adoptarse en algunas ciudades. Se decreta la fecha del 22 de septiembre, aunque hay países que hasta dedican varios días al estudiar el tema.
Está claro que mientras el transporte público deje tanto que desear y obligue a los ciudadanos a interminables recorridos repletos de trasbordos, a horas de desplazamiento de ida y vuelta a su trabajo, con gastos de tiempo sin garantías de puntualidad en las salidas y llegadas, y estando los buses sujetos a los mismos problemas de circulación, será difícil conseguir el abandono del vehículo particular por lo menos hasta la entrada a las grandes ciudades.
En fin, lo que mueve a crear este día es todo muy bonito y a todos parece bien, sobre todo el evitar la contaminación; pero como la imprevisión y mala gestión de la movilidad hacen que convocatorias como ésta suelan ser un fracaso, se opta por la radicalidad: se cortan las calles más céntricas y se prohíbe el paso de vehículos peatonalizándolas, obligando a los ciudadanos -del extrarradio principalmente- a buscar rutas alternativas (con el coche, claro) que simplemente trasladan el caos a otro lugar y provocan una hora más -mínimo- de desplazamiento. Horas que son para ir y volver del trabajo y que nadie paga, sólo nuestra salud (sometida al estres) y nuestro bolsillo porque -ésa es otra- el transporte público no es barato ¡Que nos pregunten a los usuarios de cercanías y el cinturón de metroSur!
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http://mariannavarro.net
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Autores del s.XX en las letras españolas (y premios Nobel de Literatura) nacidos en esta fecha

- de 1938, Lola SALVADOR MALDONADO, escritora y guionista española que usa profesionalmente el nombre de Salvador Maldonado y Lola Salvador. Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).
 Funda la productura «Brothers & Sisters» con la que produjo la película Salvajes de Carlos Molinero, por cuyo guion obtuvo el Premio Goya al Mejor Guion Adaptado.
Para la televisión destacan sus trabajos sobre espacios de literatura y también de ficción, escribiendo capítulos de la francesa Serie rosa o de Barrio Sésamo.
 Como novelista ha publicado en 1979 El crimen de Cuenca, basada en su guión para la película homónima de Pilar Miró y La sonrisa de Madrid (1988), junto con Mamaíta y Papantonio (1988) y El mar de la leonera (1989) forman la trilogía «El olivar de Atocha», que relata la historia de una familia de Madrid en el primer tercio del siglo XX y hasta el estallido de la Guerra Civil y que posteriormente fue adaptada por ella misma como guión para una serie de veintiséis capítulos emitida en 1989 en Televisión Española.

Entre los guiones que ha escrito para el cine destacan además los realizados para las películas del director Jaime Chávarri Bearn o La sala de las muñecas (1982), Las bicicletas son para el verano (1984) —que adapta la obra teatral homónima de Fernando Fernán Gómez— y Tierno verano de lujurias y azoteas, de 1993.
En abril de 2011 el Consejo de Ministros de España le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y en julio de 2014, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le concede el Premio Nacional de Cinematografía de 2014.

Caía fuego del cielo aquel agosto de 1898, no llegaban a concretarse las sombras, tan a plomo caía el sol y silenciosas eran sus pisadas sobre la tierra.
Llevaba ya caminados diecisiete días, abierta, lisa y tórrida se presentaba Castilla, y aún permanecían en la memoria de su retina las osadas cumbres queel llorado maestro, aquel de reducida pero exquisita biblioteca que le enseñó a leer y a dibujar, llamaba entre exclamaciones “benditas montañas”, a las que había ido a despedir “nuestro” viajero y desde cuyos agrestes picos había emprendido su itinerario.
Dos semanas y tres días, recordando a Boabdil, dejando atrás Mecina Bombaron, Pampaneira y el Mulhacén, desde la crestería del Cerrajón cuyos contornos había dibujado Antonio por centésima vez, en las Alpujarras de la amarga adelfa, hasta la aridez de la Villa y Corte de Madrid cuyas grandezas y miserias tan perfectamente imaginaba por los comentarios prolijos que de la capital le había hecho Andrés, el que era su mejor amigo y del cual, as pasados, había recibido carta con perentoria petición de ayuda y compañía.
Encerradas en su cuadernillo de apuntes, entre reflexiones diarias, por estricto orden, guardaba las imágenes, dibujadas a lápiz, del municipio que bautizara a tantos Maldonados como él, desde la época remota en que aquellos gallegos habían sido obligados a abandonar sus melancólicas y húmedas campiñas del Norte para ocupar y labrar tierra de moriscos.

- de 1942, Marina MAYORAL, profesora, escritora y articulista española en las lenguas gallega y castellana.
Catedrática jubilada de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Codirectora de la colección Biblioteca de Escritoras de Editorial Castalia. Ha dirigido la colección "Relatos" de la editorial Edhasa y la colección "Club de Clásicos" de Ediciones SM. Colabora semanalmente en la Voz de Galicia desde 1990.
Como narradora su visión del mundo se caracteriza por una especial concepción del amor y de la muerte como fuerzas condicionantes del destino humano. Las notas formales más destacadas son la finura de los análisis psicológicos, el humor , la naturalidad de la prosa , el juego de perspectivas, y las estructuras metaliterarias. La acción de casi todas sus novelas se desarrolla en un lugar imaginario, situado en Galicia, llamado Brétema, nombre que en castellano significa ‘niebla’ .
 Entre sus últimas obras: Recuerda, cuerpo (1998), La sombra del ángel (2000), Tristes armas (2001), Bajo el magnolio ( 2004), Los coches de mi vida (cuento, 2005 ), ¿Quién mató a Inmaculada de Silva? (2009).

Una mañana de niebla de un otoño de hace muchos años, Harmonía y Rosa salieron del orfanato de Nuestra Señora del Cristal para coger un barco que había de llevarlas a Rusia. No eran unas niñas huérfanas. Estaban allí por circunstancias de la Guerra Civil y también por el mal entendimiento entre las familias. Su padre estaba en el frente, luchando como soldado con el ejército de la República, y la madre trabajaba de enfermera en un hospital de campaña. Harmonía y Rosa tenían tíos, además de otros parientes, pero eran de ideas políticas contrarias a las de sus padres, y ellos prefirieron dejarlas en el orfanato antes que en casa de unas personas que criticaban su postura en un asunto tan importante como el que se estaba ventilando. A las niñas no les preguntaron su opinión. Les dijeron que sería por pocos días y que enseguida volverían a buscarlas. Desde entonces había pasado casi un año. Los padres iban a verlas siempre que podían, pero era pocas veces, y ellas, acostumbradas a moverse a su antojo por el pueblo, se sentían encerradas en aquel caserón solitario y aburrido. Así que Harmonía, que era la mayor, recibió con alegría la idea de dejar aquella institución para hacer un viaje en barco y conocer nuevos lugares. Y Rosa también iba contenta. Desde que sus padres las habían dejado allí, ya no tenía mimos ni gritaba por cualquier cosa y, con tal de no separarse de Harmonía, ni siquiera lloraba. A veces abría mucho los ojos, echaba los labios hacia fuera como si fuese el pico de un pato y se arrimaba un poco más a Harmonía, pero no lloraba. (Fragmento inicial de 'Tristes armas')
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Fallecidos en esta fecha
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- de 2013, falleció Álvaro MUTIS, escritor novelista y poeta colombiano nacido un 25 de agosto de 1923.

En 1953 publica Los elementos del desastre, un poemario donde aparece por primera vez su emblemático personaje Maqroll el Gaviero, uno de los grandes hitos de la literatura en lengua española de este siglo.
Hacia 1960 inicia un viraje a la prosa con su Diario de Lecumberri, escrito en la cárcel.
Se inició en la novela en 1978, pero sólo sería reconocido popularmente en 1986, con la publicación de la primera novela de Maqroll el Gaviero, La nieve del Almirante. A partir de entonces comenzó a recibir premios importantes.
 A lo largo de su carrera literaria recibió, entre otros, el Premio Xavier Villaurrutia en 1988, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1997, el Premio Cervantes en 2001 y el Premio Internacional Neustadt de Literatura en 2002.
Las páginas que van a leerse pertenecen a un legajo de manuscritos vendidos en la subasta de un librero de Londres pocos años después de terminada la segunda guerra mundial. Formaron parte estos escritos de los bienes de la familia Nimbourg-Napierski, el último de cuyos miembros murió en Mers-el Kebir combatiendo como oficial de la Francia libre. Los Nimbourg-Napierski llegaron a Inglaterra meses antes de la caída de Francia y llevaron consigo algunos de los más preciados recuerdos de la familia: un sable con mango adornado de rubíes y zafiros, obsequio del mariscal José Poniatowski al coronel de lanceros Miecislaw Napierski, en recuerdo de su heroica conducta en la batalla de Friedland; una serie de bocetos y dibujos de Delacroix comprados al artista por el príncipe de Nimbourg-Boulac, la colección de monedas antiguas del abuelo Nimbourg-Napierski, muerto en Londres pocos días después de emigrar y los manuscritos del diario del coronel Napierski, ya mencionados.
Por un azar llegaron a nuestras manos los papeles del coronel Napierski y al hojearlos en busca de ciertos detalles sobre la batalla de Bailén, que allí se narra, nuestra vista cayó sobre una palabra y una fecha: Santa Marta, diciembre de 1830. Iniciada su lectura, el interés sobre la derrota de Bailén se esfumó bien pronto a medida que nos internábamos en los apretados renglones de letra amplia y clara del coronel de coraceros. Los folios no estaban ordenados y hubo que buscar entre los ocho tomos de legajos aquellos que, por el color de la tinta y ciertos nombres y fechas, indicaban pertenecer a una misma época. (Fragmento de 'El último rostro', cuento).

- de 2014, Adelaida GARCÍA MORALES, escritora española nacida en fecha indeterminada del 1945.
Trabajó como profesora de secundaria de Lengua española y Filosofía; fue modelo y actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento, y también traductora en Argelia.
Debutó en 1985 con un aclamado volumen que reunía dos relatos: El sur y Bene. El primer relato fue llevado al cine por su entonces pareja Víctor Erice con el mismo nombre El Sur.
Con su siguiente obra, El silencio de las sirenas, que transcurre en una localidad de las Alpujarras, lugar donde ella residió, obtuvo el Premio Herralde de Novela. La autora fue, además, galardonada con el Premio Ícaro por Diario 16.
Entre sus últimas obras: El accidente (cuento, 1997), La señorita Medina (1997), El secreto de Elisa (1999),  Una historia perversa (2001), El testamento de Regina (2001).

Elsa se despidió de mí con una breve carta: «María, te dejo estos regalos, consérvalos si quieres. ¿Volveremos a encontrarnos? Un beso.» Y se olvidó de firmar. Sobre una mesita de madera, cubierta
con un paño de terciopelo ocre, había ordenado diferentes objetos: una postal que reproducía un cuadro de Paolo Ucello: san Jorge y el dragón; una flor seca y azul que, según decía, se llamaba «Love in a mist»; una vieja caja china conteniendo una fotografía suya y la copia de todas las cartas que había enviado a Agustín Valdés; una carta que había recibido de él, un retrato de Goethe contemplando la silueta recortada de un rostro de mujer; una sortija de platino con incrustaciones de diamantes; un libro: Las afinidades electivas; la reproducción de una litografía de Goya, en la que se ve a un hombre inclinándose sobre una mujer que oculta su rostro con un antifaz. Al pie hay unas palabras: «Nadie se conoce». También me dejó un cuaderno, el suyo, en el que había ido escribiendo su amor, dirigido a Agustín Valdés. Y, finalmente, había una carta para Agustín y que aún no había cerrado. Cuando me dirigía a esta aldea en la que conocí a Elsa, venía con el propósito de abandonarla si no lograba soportar la soledad que me esperaba. Pues aunque he viajado con relativa frecuencia, y he conocido un considerable número de ciudades, tanto de España como del extranjero, nunca me había sentido atraída por lugares solitarios y aislados, los que se me habían aparecido siempre como simples nombres perdidos en los mapas.
(Fragmento de 'El silencio de las sirenas')

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